No esperaba nada.
Era la mejor manera de no sufrir.
Vivir sin corazón era su destino.
Un año es una losa.
Un sueño roto duele demasiado.
Una vida llena de heridas es una batalla solitaria.
Con ojos de miel y alma pura,
eres luz y vida, tierna aventura.
Caminas cerca, sin recelo,
sombra fiel, amigo eterno.
Cuando el alba rompe el silencio suave,
ya estás a mi lado, compañero amable.
Con colas alegres, danzas de amor,
regalas sonrisas, regalas calor.
El agua es tu casa, mar y río,
donde juegas, donde sonríes.
Con saltos felices, brisas de alegría,
salpicas vida, salpicas energía.
En la montaña o en el jardín,
tienes el alma libre, corazón de marfil.
Tus huellas doradas quedan atrás,
marcas de amor que nunca se irán.
Si el día es gris o el viento es frío,
en tu mirada encuentro un abrigo.
Con un solo gesto, con un solo beso,
cae la tristeza, se va el peso.
Cuando el tiempo pase y yo sea viejo,
seguirás cerca, estrella en el cielo.
Y en cada rincón, y en cada recuerdo,
serás por siempre mi mayor tesoro.
En tu costado,
donde el tiempo teje canas suaves,
leo la historia de nosotros:
parques conquistados,
mares de miedo ahuyentados,
noches convertidas en refugio.
Eres mi Norte sin brújula,
labrador de alegrías simples,
mi eterno cachorro de nieve marchita.
Has memorizado el sonido de mis pasos,
el ritmo de mis risas, el peso de mis silencios.
Navegas por la casa como un barco viejo
que conoce cada ola de estas paredes.
Peluche cano, filósofo de zapatos mordidos:
tu reloj interno marca solo dos tiempos:
"Ahora" y "para siempre".
Guardas secretos de sillón y tormenta,
huellas de barro convertidas en constelaciones.
Eres el alba que me despierta sin reloj,
el suspiro cálido al final de cada herida.
Nueve años de ser mi espejo sin palabras:
en tus ojos de ámbar late la única verdad
que no necesita poesía.
Tus patas de oro marcaron el mapa de mis días,
nueve inviernos derritiéndose en el calor de tu hocico,
nueve primaveras perseguidas en pelota y ladrido.
Eres la caricia que no pide explicaciones,
el terremoto de cola que desarma mis noches frías.
Pelaje de atardecer, mirador de paciencia:
Me enseñaste a leer el mundo en lengüetazos.
Las brújulas se rompen.